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BIBLIOTECARIO: LAS COMPETENCIAS DEL PROFESIONAL DE LA INFORMACIÓN

 

Actualmente, el bibliotecario o documentalista desarrolla todas sus actividades en la denominada Sociedad de la Información, que tiene su origen en el último cuarto del siglo XX y que se caracteriza, fundamentalmente, por una economía globalizada, el papel determinante de  las TIC, por ser una sociedad altamente competitiva, por los nuevos sistemas de organización en el mercado laboral y profesional, y por el gran valor que adquiere la información, como instrumento estratégico para los sectores productivos y como mercancía perecedera cuyo precio es difícil de justificar.

 

En este contexto, el bibliotecario adquiere nuevas competencias profesionales, entendiendo por competencia al conjunto de actitudes, habilidades, valores y conocimientos que han de tener los profesionales de la información a la hora de realizar su trabajo de forma efectiva, contribuyendo positivamente con sus organizaciones, clientes y profesión. Unas nuevas competencias del bibliotecario que definen un perfil profesional que da respuesta efectiva a las necesidades del mercado y que se configura, también, dentro de las nuevas titulaciones que se están diseñando en el marco de la convergencia europea, entre las cuales se encuentra la nueva Licenciatura en Información y Documentación.

 

Según a Eugènia Serra y Margarita Ceña, se pueden diferenciar competencias profesionales específicas del bibliotecario y competencias genéricas o personales, a saber: Las competencias profesionales son más o menos complejas, dependiendo del perfil de las actividades que desarrolle el bibliotecario. A continuación se incluyen las competencias profesionales específicas de un bibliotecario especializado en biblioteconomía, según la Special Librairies Association, por ser las más amplias y desarrolladas:

 

a. Gestión de las unidades de información

 

• Orientar la unidad de información en la dirección estratégica de la organización a la que pertenece, y contribuir a la planificación estratégica y a la toma de decisiones.

 

• Planificar servicios de información efectivos que provean de análisis de mercado y permitan identificar a los clientes potenciales

 

• Constituir el equipo de trabajo con los perfiles profesionales más adecuados y contribuir al desarrollo profesional del personal de la propia unidad de información y de toda la organización.

 

• El bibliotecario deberá evaluar el retorno de la inversión en la gestión de la información y hacer visible el valor añadido que aporta la unidad de información a la organización.

 

b. Gestión de recursos de información y documentación

 

• Gestionar todas las etapas del ciclo de vida de los recursos de información sea cual sea su tipología o naturaleza. Incluye las actividades propias del proceso técnico: adquisición, catalogación, clasificación, organización, selección y aplicación de normativas y desarrollo de los instrumentos implicados: tesauros, taxonomías, etc.

 

• Evaluar, seleccionar y discriminar los recursos de información sobre la especialidad o especialidades de la organización, en función de la calidad y la pertinencia.

 

• Adecuar la información a las necesidades de los usuarios. Gran parte de la información utilizada por el bibliotecario, bien sea en bibliotecas o centros especializados, es efímera, y requiere un grado de actualización mucho más rápido que en otras unidades de información.

 

• El bibliotecario deberá recoger, seleccionar, organizar y preservar de la documentación interna, informes, recomendaciones. Qué información es perdurable y necesaria para los usuarios, cual es susceptible de ser guardada, en qué soportes si tenemos en cuenta que el espacio también es un factor crítico. En el caso de los recursos electrónicos, como debemos fijar la copia original, quién y que uso se puede hacer de la documentación interna.

 

c. Gestión de servicios de información

 

• Gestionar el ciclo de vida de los servicios de información. Garantizar que la oferta de servicios cubre las necesidades de información y aprendizaje de todo el tipo de clientes o usuarios de la organización.

 

• El bibliotecario también diseña los servicios bajo parámetros de coste-efectividad.

 

• Evaluar de forma periódica su calidad y el grado de satisfacción y utilización de los usuarios.

 

d. Aplicación y aprovechamiento de la tecnología

 

• Identificar las herramientas tecnológicas disponibles y adecuadas para proporcionar los mejores servicios, proveer de acceso a los recursos disponibles y desarrollar instrumentos de aprendizaje para favorecer el máximo uso de información.

 

• Adquirir un grado elevado de desarrollo, uso y aplicación de las bases de datos y las aplicaciones tecnológicas.

 

• Identificar, conocer y evaluar las tecnologías emergentes

 

En cuanto a las competencias personales o genéricas de los bibliotecarios, son las comunes a todos los profesionales que gestionan la información y están estrechamente vinculadas a aspectos relacionados con la actitud, determinadas habilidades y con la comprensión de la realidad. Destacamos:

 

1. Conocimiento de la organización a la que pertenece la unidad de información. Es necesario que el bibliotecario disponga de una visión global de la organización en la que trabaja: cuál es su negocio, su mercado y sus clientes.

 

2. Comprensión y percepción de la unidad de trabajo como parte de una organización. Las bibliotecas, centros de documentación o unidades de información no están aisladas ni son una finalidad en sí mismas, son y existen en función del servicio que ofrecen a los colectivos a los que sirven, sea un barrio, un centro docente, una empresa o cualquier otro tipo de entidad.

 

El valor de los profesionales de la información que trabajan en ellas radica en gran medida en su aportación para el logro de la misión de la organización en la cual se inscriben.

 

3. La capacidad y voluntad de aprendizaje continuo. En los últimos 20 años hemos visto surgir y en algunos casos desaparecer nuevos soportes de información, nuevas formas de adquisición y gestión de la información, nuevas tecnologías, técnicas y metodologías; es por lo tanto indispensable estar dispuesto a aprender y reciclarse constantemente.

 

4. La adaptación al entorno. Las expectativas y necesidades de nuestros clientes varían, se transforman y crecen rápidamente, y los bibliotecarios profesionales debemos conocerlas y anticiparnos dando respuesta u ofreciendo servicios antes de que nos los soliciten... en definitiva debemos ser preactivos, afrontar los cambios de forma positiva y reconocer las oportunidades.

 

5. El trabajo en equipo y la integración en equipos multidisciplinares, tanto con otros profesionales implicados en la gestión de la información, como especialistas. No debemos olvidar que cada vez más las actividades de las organizaciones son transversales e implican disciplinas variadas: aportar ideas y soluciones compartir y potenciar el trabajo en común.

 

6. El cambio: una oportunidad, no un peligro. Hay que vencer la resistencia, en muchos casos innata, al cambio. A menudo, el miedo al cambio nace del desconocimiento. Es importante mantenerse al día de las tendencias y novedades, ya que nos permitirá afrontar los cambios con curiosidad y no con temor.

 

7. Habilidades comunicativas. La capacidad de comprensión y comunicación es imprescindible en cualquier faceta de la actividad profesional. Cada vez más debemos relacionarnos con profesionales de otros ámbitos, sean estos clientes internos o externos, proveedores, o integrantes de nuestros equipos de trabajo o de nuestra organización. En cada caso debemos ser capaces de identificar y utilizar el registro de lenguaje más comprensible y efectivo.

 

8. Compartir conocimiento. Indispensable para innovar y potenciar buenas prácticas profesionales. No hace falta inventar si algo existe y funciona.

 

9. Cooperación y no competencia. La cooperación tanto con otras de unidades de la propia organización como con bibliotecas o centros de documentación de otras organizaciones permite optimizar los recursos y mejorar los servicios. Incluso en el entorno de la empresa, donde la competitividad es más evidente, las alianzas son deseables.

 

10. El compromiso con la excelencia del servicio. La motivación por la calidad y la convicción profesional de ofrecer el servicio más eficiente y eficaz

 

11. La potenciación de los valores éticos. Tanto en el ejercicio de la profesión, como en el uso de la información y en las relaciones con otros clientes y colegas.

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